La tristeza que mora en mí.

mar 28, 13 • SERMONES1 CommentRead More »

 

¡Toda la honra a Yeshua!

 

Domingo 2 de Septiembre.

 

 

 La tristeza que mora en mí.

 

Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse, pero la tristeza del mundo produce muerte

 

2 Corintios 7,10.

 

El tema que analizaremos esta mañana es sobre uno de los sentimientos humanos más avasalladores y destructivos, la tristeza, la cual nos dice literalmente el apóstol: “produce muerte”. Sin embargo, se nos dice que hay otro tipo de tristeza que produce vida, es decir, arrepentimiento, lo que es conocimiento de Dios por revelación de Dios y no por ser humano. Veremos ambas modalidades de tristeza comenzando con la tristeza del mundo que produce muerte y después veremos cómo es posible que la tristeza de Dios produzca vida.

 

En efecto, yendo más a fondo en el tema de la tristeza, vemos a través de las Escrituras que nacimos enfermos de tristeza. Nuestra enfermedad, que es el pecado, es congénita, y aunque esa enfermedad es más basta que la tristeza, esta mañana veremos lo importante que es reconocer que la tristeza es un enemigo de muerte y que para derrotarlo es menester vivir en guerra en contra de la tristeza del mundo y de la carne (la de la criatura vieja) las que producen muerte.

 

Dicen en el mundo en el que caminamos que la tristeza y la melancolía son normales e  inherentes a toda persona y criatura. Y además dicen que a través ciencias como la psiquiatría, la psicología, o el deporte, el juego y el trabajo, (por mencionar sólo dos ejemplos de las falsamente llamadas ciencias de este mundo) la tristeza se puede combatir y erradicar. Veamos si esto es cierto a la luz de la Biblia. Volvamos al jardín del Edén, nuestra casa verdadera hoy en día gracias a Jesús. ¿Acaso existían la tristeza y la depresión en Adán y en Eva antes de su transgresión y ofensa a Dios?

 

Es impensable que Adán y Eva hayan conocido y experimentado la tristeza en el más mínimo grado antes de la caída y la introducción del pecado a la creación. Como todo lo malo, la tristeza es un engendro asqueroso de Satanás que entró a nuestras almas  y a la creación entera tras el pecado original. (Gn 3)

 

Partimos de la premisa de que todos hemos llegado a este mundo enfermos de tristeza. Literalmente, nuestra alma está llena de tristeza. Se trata de un sentimiento que como la envidia y el miedo, no nos gusta reconocer y aceptar especialmente ante nosotros mismos.

Hemos hablado en otras ocasiones de la extraña relación que hay entre la tristeza y la ira y de cómo trabajan y colaboran juntos estos dos malos e infernales espíritus para llevarnos a su universo de maldad, a donde no obra ni opera la justicia divina.

Pero, ¿de dónde salió la tristeza? En efecto, del diablo.

 

Fue Satanás la primera criatura de Dios que sintió y experimento la tristeza como tal. Lo hemos visto antes, Satán vio que a pesar de ser perfecto en hermosura y belleza, y de ser un querubín protector del santo trono de Dios, era sólo una criatura y no el Creador.

 

Veamos cómo sucedió la caída del diablo, Satanás experimentó orgullo a causa del grado de perfección que había en él. El orgullo lo llevó a experimentar envidia por su creador, por Yeshua. Ahora bien, la envidia lo llevó a la tristeza, pues vio que con toda su grandeza no era más que una criatura sometida a Dios. Invadido de tristeza, Satanás se sintió impotente y frustrado, eso lo llevó a la ira y la cólera, lo que a su vez lo llevó a la rebelión y prevaricación ante su Creador: “Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad” (Ez 28,15)

 

Fue Satanás quien inoculó y contaminó de tristeza a nuestras almas y al mundo, el cual sin el conocimiento de Cristo es verdaderamente un mundo de tristeza y de lagrimas a causa del pecado y de la muerte. Penetremos más en el misterio. Satanás tiene múltiples personalidades: es el mentiroso, el hereje, el envidioso, el iracundo, el violento y lujurioso. Es también el orgulloso, el egoísta, el adultero y el vanaglorioso.

Pero ahí no acaba, Satanás tiene otra linea de personalidades que son antagónicas  y opuestas a estas; el diablo es también el honorable legalista y el fariseo celoso de la ley, puede ser muy tierno y le encanta el humanismo y las religiones. El diablo es el servicial y sonriente, el que finge amor, piedad y compasión.

 

Cada uno de los llamados cien amiguitos son una personalidad o máscara de las muchas que componen la esencia del diablo. Hoy quiero que sepas que la tristeza, el pesar, el lamento, la nostalgia, la melancolía, el sentimentalismo, el romanticismo, el vivir en duelo y en queja y no en gozo y gratitud como Dios manda, es una de las personalidades más fuertemente destructivas del diablo. Además es necesario que sepamos que dejarse vencer por estas cosas es pecado, ya que Yeshua ha vencido toda la tristeza del mundo en la cruz.

 

Nosotros sabemos por la revelación del bendito Yeshua la existencia de la criatura vieja, es decir, del pecado. Y también sabemos que la criatura vieja es un pequeño representante o embajador de Satanás que vive o mora dentro de nosotros.

 

Es necesario hablar de la tristeza, ya que por increíble que parezca la tristeza es un ídolo mayor en este mundo ante el cual están rendidos como esclavos y adorando millones de seres humanos, otra vez, los más de ellos sin darse cuenta. Recordemos que toda adoración produce obediencia y sumisión a quien se le adora, sea a Dios o sea a los ídolos de Satanás.

Lo primero es reconocer que la criatura vieja que vive dentro de nosotros es adicta a la tristeza y al dolor; de ahí que la tristeza sea un ídolo. Lo repito, sin Cristo somos adictos y viciosos de esta droga de muerte, la tristeza. Desde luego la mayor parte de los humanos negarían esta afirmación. No importa lo que el mundo piense y ni nosotros mismos, Jesús nos ha dicho que son los frutos los que hablan y nos dicen declaran verdad en contraposición a la falsedad.

 

Parece irremediable la pregunta, ¿quién podrá librarnos de esta tristeza de muerte? Estamos tristes y por eso frustrados, pero no nos gusta reconocerlo. La irá en la que vivimos evidencia claramente la tristeza de muerte que hay nosotros a causa del pecado. ¿Cómo no vamos a estar tristes los seres humanos si no tenemos una esperanza de vida eterna, es decir, una esperanza que trascienda a esta vida caduca y a la muerte venciendo a la misma muerte?

 

La tristeza no pertenece al campo del arte poética o de la psiquiatría como fatuamente creemos, la tristeza pertenece al campo espiritual, esto es, al cosmos satánico, y es una puerta grande e inmediata al crimen y a toda clase de pecados sórdidos.

Hemos visto que la tristeza de Satanás jugó un papel preponderante en su rebelión.

 

Hermanos, una persona triste, que tiene y alberga corajes y resentimientos en su alma está enojada, y una persona enojada por fuera está muy triste por dentro, aunque encubra esta situación con el enojo y la ira manifiesta. Recordemos que la tristeza es un sentimiento que tratamos de evadir todo el tiempo; no así la ira, que es una manifestación supuestamente catártica y aparentemente liberadora. (Una doctrina más del Evangelio del diablo)

 

De esta forma vemos como la tristeza, la ira y el odio (tres espíritus demoniacos) se unen en una fatídica triada o trinidad que tiene por objetivo mantener muerta al alma de los seres humanos. De la misma manera, a los que ya se han puesto en marcha a la Sion celestial, lo que intentan estros tres son tumbarlos o descaminarlos, haciéndolos volver atrás, a Egipto.

 

No existe forma de escapar de la fortaleza que es el Jerico de la tristeza, el que ahora lo sabemos, es el hervidero o la holla espres de la ira y el odio. Estamos atrapados en la cárcel de la tristeza y aunque cuesta mucho trabajo reconocer esto, es la verdad, lo sabemos por los frutos malos o buenos que estamos dando. Recordemos que cada uno comemos de lo que sembramos.

 

Satanás está triste y así como es el padre de la mentira es también el padre de la tristeza. Está triste pero no por haberle fallado a Dios y haber llevado a la creación a la tristeza y la muerte. No, él está triste porque sabe que le queda poco tiempo de vida para llevar a cabo su maligno propósito (ser el anticristo en la tierra) porque será lanzado pronto al lago de fuego y azufre. (Ap 20,12)

 

 

 

Mientras tanto lo que quiere es llevarnos a su universo de lamentaciones y plañideras. Se vale de todo, sobre todo del apego que tenemos por el pasado y de la incertidumbre que sentimos acerca del futuro. Pero ahí no acaba, en su perfidia él ha inventado toda clase artilugios que aparentemente intentan combatir la tristeza humana.

Estoy hablando de la cultura llamada de entretenimiento en la que vivimos actualmente y por supuesto de las doctrinas y religiones del mundo (todas son falsas, el Evangelio de Jesucristo no es del mundo ni es una religión) las que pretenden abolir a dar fin a la tristeza humana de una forma u otra.

 

Satanás, el dios de este mundo y siglo y haciéndose pasar por el invisible o el inexistente, ha inventado todo para que los seres humanos vivan falsa y espuriamente alegres, creyendo que no están tristes. Para eso ha creado a sus malditos ídolos al grado de que la misma tristeza se ha colocado como uno de los más grandes ídolos al cual millones están postrados. El diablo engaña y nos hace creer que la tristeza es amor y que sólo los entristecidos aman. Se llama romanticismo, el que confundimos con el amor por estratagema del diablo.

 

La tristeza del mundo produce muerte”, dice Pablo, conocedor de que en un mundo en el que los hombres son gobernados por la ley de pecado y por lo tanto por Satanás, es imposible que haya verdadera alegría y regocijo. Pablo sabe por revelación que la criatura vieja es adicta a la nostalgia y la tristeza por su miserable condición. Sabe que así como la paga del pecado es la muerte, lo es también la tristeza.

 

Conoce además que no hay ninguna ley o código de moral que pueda echar fuera la tristeza de su alma. (Tampoco las pastillas y el litio) Pablo ya sabe por revelación que obedecer a ley no produce alegría divina sino la falsa y fingida alegría de nosotros, la de la criatura vieja. Pablo sabe que por la ley es el conocimiento del pecado, incluido el pecado de ceder a la tristeza del mundo y de la carne. Sabe que: “la ley produce ira” Y si ira, también tristeza, como lo empezamos a entender esta mañana. (Ro 4,15)

 

Justamente para eso vino Yeshua a la tierra. Su encarnación, muerte y resurrección han tenido el propósito de justificar y restaurar a lo que se había perdido, perdido en este mundo de tristeza, el que produce: “tristeza de muerte

 

Y los redimidos de Jehová volverán (volverán del mundo arrepentidos) y vendrán a Sion (a Jesús) con alegría; y gozo perpetuo será sobre sus cabezas; (la mente de Cristo, el Espíritu Santo) y tendrán gozo y alegría, y huirán la tristeza y el gemido

Isaías 35,10.

 

Es necesario convencernos de lo que es evidente: vivir para el mundo (lo que significa vivir para la carne, haciendo nuestra voluntad y no la de Cristo) produce tristeza en nuestra alma que de por si ya esta entristecida. En vano corremos al mundo en busca de cura y bálsamo a la tristeza. El arte, (los libros, el cine, el teatro, los espectáculos) el futbol y los miles de entretenimientos que hay en el mundo, lejos de curar a nuestra alma de la tristeza de muerte que hay en ella, sirven de aguijón y acicate a la horrenda y cada vez más esclavizante enfermedad de la tristeza que mora en nosotros.

 

Veamos un ejemplo en el Antiguo Testamento de la tristeza de muerte. El caso es el de Saúl, hijo de Cis, el primer rey de Israel. Este individuo atacado permanentemente de tristeza nunca pudo sobreponerse a ella. Escuchemos a la Biblia:

 

El Espíritu de Jehová se apartó de Saúl, y le atormentaba un espíritu malo de parte de Jehová. Y los criados de Saúl le dijeron: He aquí ahora, un espíritu malo de parte de Dios te atormenta.

 

Diga pues, nuestro Señor a tus siervos que están delante de ti, que busquen a alguno que sepa tocar el arpa, para que cuando esté sobre ti el espíritu malo de parte de Dios, él toque con su mano y tengas alivio. Y Saúl respondió a sus criados: Buscadme, pues, ahora alguno que toque bien, y traédmelo.

 

Entonces uno de los criados respondió diciendo: He aquí yo he visto a un hijo de Isaí de Belén, que sabe tocar, y es valiente y vigoroso, y hombre de guerra, prudente en sus palabras, y hermoso, y Jehová está con él. Y Saúl envió mensajeros a Isaí, diciendo: Envíame a David tu hijo, el que está con las ovejas.

 

Y tomó Isaí un asno cargado de pan, una vasija de vino y un cabrito, y lo envió a Saúl por medio de David su hijo. Y viniendo David a Saúl, estuvo delante de él; y le amó mucho, y le hizo su paje de armas. Y Saúl envió a decir a Isaí: Yo te ruego que este David conmigo, pues ha hallado gracia en mis ojos.

 

Y cuando el espíritu malo de parte de Dios venía sobre Saúl, David tomaba el arpa y tocaba con su mano; y Saúl tenía alivio y estaba mejor, y el espíritu malo se apartaba de él

1 Samuel 16.14-23.

 

Aunque la Palabra no dice claramente que tipo de espíritu atormentaba a Saúl, el contexto y la personalidad iracunda y envidiosa de Saúl nos hacen pensar que este espíritu malo es el espíritu de tristeza. En efecto, Saúl era presa de una profunda tristeza. No importaba que el fuera el primer rey de Israel ni bastaba que fuera joven hermoso, tanto que entre los hijos de Israel: “no había otro más hermoso que él; de hombros arriba sobrepasaba a cualquiera del pueblo” (1 Sam 9,2)

 

Saúl presenta los mismos síntomas que Satanás: orgullo, envidia, ira, y su resultante, la tristeza de muerte. Sabemos que el arpa que tocaba David representa la doctrina de Yeshua, la que cuando escuchamos con fe y la obedecemos por gracia comienza a apartar de nosotros todas las sombras y malos espíritus.

 

David era un joven cuando fue presentado a Saúl y es importante notar las características que se dan de él: “sabe tocar el arpa, es valiente y vigoroso, es hombre de guerra, es prudente en sus palabras y hermoso, y además Jehová está con él”.

Aquí vemos la personalidad de los cristianos y cristianas verdaderos, los que saben tocar el arpa, es decir, los que entienden la doctrina y la hablan a otros.

Somos guerreros y guerreras valerosas gracias al Espíritu Santo, (lo que es realmente la hermosura) en esta guerra espiritual en contra de la ira, la tristeza, la envidia y mil ejércitos más. Todo en el nombre de Yeshua.

 

La bendición de Jehová es la que enriquece, y no añade tristeza con ella” dice el libro de Proverbios 10,22. Entendiendo bien este versículo vemos que la bendición de Jehová no es otra cosa sino conocer por revelación el misterio del Hijo de Dios, es decir, conocer a Yeshua el Mesías. Irónicamente dice que esta bendición no añade tristeza con ella. ¡Todo lo contrario! Conocer a Jesús recibiéndole en el alma, destierra toda la tristeza que hay en ella a causa del pecado. Jesús cambia y transforma el lamento en baile y el cilicio en el que vivimos lo torna en canción de júbilo y esperanza. Jesús rodea con un manto de alegría y poder a quienes confían en sus palabras y promesas, y por gracia le obedecen.

 

El arpa es la Palabra y por lo tanto es el Espíritu Santo que se derrama en todos aquellos que a diferencia de Saúl confiesan sus pecados y arrepentidamente se inician en la obediencia fiel a aquel que lo curó de una de las enfermedades más mortales que hay: la tristeza que produce muerte.

 

Sabemos que a pesar de que Saúl escuchaba y conocía la doctrina del Señor, era uno de esos oidores pero no hacedores de la Palabra, y permaneció en la dureza de su corazón y a medida que entristecía más, por negar su pecado y su culpabilidad ante Dios, la ira y la enviada lo atacaban y carcomían con más ímpetu.

 

Tiempo después se cuenta esto de Saúl.

 

Y el espíritu malo de parte de Jehová vino sobre Saúl; y estando sentado en su casa tenía una lanza a mano, mientras David estaba tocando. Y Saúl procuró enclavar a David a la pared, pero él se apartó de delante de Saúl, el cual hirió con la lanza en la pared; y David huyo, y escapó aquella noche”  (1 Sam 19.9-10)

 

La tristeza del diablo nos lleva a la violencia y la ira, al chantaje y la manipulación, al asesinato. La tristeza es contraria al amor y a la libertad en la que debemos vivir gracias a Yeshua. Hay que morir a la tristeza del mundo muriendo a la carne con Cristo. Tenemos que volver a nacer en Cristo y ser nuevas criaturas.

Esta escrito Apocalipsis 7, 17, la siguiente promesa:

 

Porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes de aguas de vida, y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos

 

Amados hermanos, esta promesa empezó a cumplirse cabalmente desde el día de Pentecostés. Jesús, el Cordero de Dios que quitó el pecado del mundo, es el mismo que nos pastorea a cada instante por sus verdes praderas.

Es el mismo que enjuga todas las lagrimas que vanamente derramamos a causa de la tristeza del mundo en la que caemos rendidos por no estar asidos de la vid y la cabeza, que es el Señor Jesucristo. Estando con él no tenemos porque padecer de este espíritu malo. Es un enemigo al que hay que echar fuera; recordémoslo: “En mi nombre echarán fuera demonios” (Mr 16,17)

 

Pasemos a la segunda parte de nuestro Sermón, hablemos de la tristeza de Dios, la que produce arrepentimiento para salvación según nuestro versículo cabeza.

La tristeza según Dios es un mundo aparte y completamente distinto a la tristeza del mundo. ¿Cómo hay que entender esto de que volver a Dios produce tristeza?

Hay un texto clave de Pablo en Hebreos 12,11 que nos esclarecerá el asunto:

 

Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza, pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados

 

Cuando llegamos a Cristo comenzamos experimentar una tristeza diferente a la tristeza del mundo. Llegar a Yeshua es llegar a ser consientes por revelación del Espíritu Santo de nuestros pecados y transgresiones, de nuestra culpabilidad ante Dios. El alma llega al Señor contrita y humillada, avergonzada de sus actos anteriores y pasados. (Sal 51) Esta santa tristeza es producida desde lo Alto y es en gran manera purificadora y santificante para el alma, pues ya descansa en el perdón por medio de la sangre de Jesucristo.

 

El alma es justificada en el momento que tiene la fe de Dios en Jesús.

“Ninguna disciplina es el presente causa o motivo de gozo” En un inicio es así, y es necesario pasar este amargo capítulo en nuestra conversión a Jesús. Él ha dicho y prometido que nuestra tristeza se convertiría en gozo una vez que demos a luz al niño divino, es decir, a Jesús, o sea cuando el Espíritu Santo nos bautice con su fuego santo y consumidor. (Ga 4,19) Escuchemos a Yeshua:

 

La mujer cuando da a luz, tiene dolor, porque ha llegado su hora; pero después que ha dado a luz un niño, ya no se acuerda de la angustia, por el gozo de que haya nacido un hombre en el mundo. También vosotros ahora tenéis tristeza; pero os volveré ver, y se gozará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo

Juan 16.21-22.

En el principio, cuando escuchamos el Evangelio de Cristo, aquella forma extraña de doctrina (Ro 6,17) el alma queda impactada y escandalizada de la locura de la predicación de Cristo. Por un lado la doctrina de Yeshua maravilla y por el otro horroriza a los que la escuchan por primera vez, juzgándola y peor aún, prejuzgándola.

Maravilla y asombra por sus sublimes promesas: seguridad absoluta en esta vida, vida eterna, cuerpos de carne y hueso glorificados, reinado milenial con el Mesías Yeshua en esta tierra, y nuevos cielos y nueva tierra, o reinado eterno al fin. Amén.

 

Todo esto nos resulta altamente atractivo y deseable. No sucede así con las doctrinas de Cristo concernientes al arrepentimiento, a la obediencia, la disciplina y la persecución, lo que en síntesis significa la crucificción diaria de la criatura vieja, crucificar las pasiones y deseos (Ga 5,24). En una palabra, no aceptamos de buena gana la bendita revelación que se nos ha dado en tan sólo dos palabras y una letra: “arrepentíos o moriréis”. (Lc 13.1-5)

 

Poco a poco Jesús irá cambiando la tristeza que acumulamos a causa de las decepciones que este mundo de pecadores necesariamente produce en nuestras almas. No es fácil desterrar la tristeza de un alma, son capas y capas de tristeza y sus resultantes el rencor y el sufrimiento, que se han ido depositando día con día en nuestra alma. La psicología y la psiquiatría se jactan, las religiones se vanaglorean, por su parte las drogas y el alcohol prometen curarnos de la tristeza. Sabemos que esto es una farsa y mentira y que sólo Dios, Jesucristo, es verdad.

 

Sólo Jesús ha prometido a los que en el creen, que: “atravesando el valle de lagrimas lo cambian en fuentes, cuando la lluvia llena los estanques” (Sal 84,6) Sólo los que creen en Jesús pueden decir con el salmista David: “Tú has librado mi alma de la muerte, mis ojos de lagrimas, y mis pies de resbalar” (Sal 116,8) Yeshua ha prometido y lo está cumpliendo hoy mismo: “Ciertamente consolará Jehová a Sion, consolará todas sus soledades, y cambiará su desierto en paraíso, y su soledad en huerto de Jehová; se hallará en ella alegría y gozo, alabanza y voces de canto” (Is 51,3)

 

El versículo clave en Hebreos 12,11, nos dice que ninguna disciplina u obediencia es agradable en un principio. Hemos llegado a Jesucristo sucios y acostumbrados y habituados al mal. La fe en Yeshua, la que creemos con el corazón y confesamos con la boca nos ha justificado. Sin embargo, ahora y hasta el fin de la travesía debemos ser limpiados por medio de la obediencia, la disciplina, la que en un inicio produce tristeza.

En esa limpieza que el Señor Jesucristo realiza está en señero lugar limpiarnos de la tristeza de muerte que adquirimos en el mundo y que engendramos en otros a causa de la tristeza que mora en nosotros.

 

Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán. Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla; mas volverá a venir con regocijo trayendo sus gavillas

 

Salmo 126.5-6.

 

Volvemos a la casa del Padre, retornamos a Jesus (él y sólo él es el camino de regreso a casa del Padre. Jesús: la cruz) a empezar a sembrar poco a poco la Palabra en otros; y según el versículo, aun en la siembra hay cierta tristeza de corte celestial.

Esta tristeza es parte en esto, me refiero a la de experimentar cierta tristeza y dolor al ver a los demás caídos y muertos en la tristeza de muerte que hay en el mundo y la carne. Todo esto produce en nosotros más y más arrepentimiento. Vamos de fe en fe, se dice, de poder en poder. Cierto, pero también de arrepentimiento en arrepentimiento.

 

Se nos promete que quienes siembren sintiendo dolor por los otros que están muertos y sometidos al diablo, ellos y sólo ellos recogerán con alegría sus frutos cosechados: “volverá a venir con regocijo trayendo sus gavillas

 

La tristeza del mundo huye porque el creyente está experimentando a cada momento unidad con el Señor, lo que se refleja en una comunión entre hermanos y hermanas del mismo Padre.

 

Terminamos este sermón recordando a los dos caminantes a Emaus. Habiendo resucitado el Mesías Jesucristo se apareció a estos dos hermanos que iban entristecidos y derrotados a causa de su incredulidad. El Señor nos reprocha:

 

“¿Que platicas son estas que tenéis entre vosotros mientras camináis, y por qué estáis tristes?

Lucas 24 17.

 

Creo que este simple y sublime versículo basta para entender el tema de hoy. Somos nosotros esos caminantes que ya no van a Emaus sino a la Sion eterna. Mientras caminamos tenemos una plática, una conversación con Dios. Todo depende de lo que hablemos y con quien hablamos, lo hemos estudiado. Los caminantes a Emaus no habían creído plenamente en Yeshua, sus platicas eran vanas conversaciones que matan y entristecen más el alma. Todo depende de la boca hemos dicho, todo depende de con quien hablamos. Con Cristo debe ser nuestra más importante y primera conversación, pero también entre hermanos mientras caminamos juntos debemos hablarnos y exhortarnos unos a otros. Esto es el antídoto perfecto en contra de la tristeza.

 

El apóstol Pablo no volvió a padecer nunca más la tristeza del mundo que produce muerte, vivía con la esperanza, que es Jesús, asida a él. Pensando y esperando mejores promesas que una vida terrenal. Se le había dicho por revelación la esperanza de la vida eterna y del arrebatamiento de la iglesia por lo cual nos recomienda:

 

Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.

 

Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron con él.

 

Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor, que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron.

 

Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.

 

Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras

 

 

Dios los bendiga en el nombre de Yeshua. A él sea la gloria y la honrra eternamente. Amén.

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  • Mercedes Cano

    Gloria a Jesucrito Señor Nuestro. Confieso que me solazaba en la tristeza y la melancolía
    del mundo que producía en mí jactancia. Era una romántica que anhelaba en mi oscuridad la caricia de la alegría falsa, la fiesta del mundo. ¡ Bendito sea Jesús Señor Nuestro, Bendito ES, porque ahora Vivo verdaderamente gracias a la misericordia de su Perdón y Amor al haberme levantado de la muerte mostrándome uno de los horribles rostros de mi vieja criatura y que en efecto le arrastraban al enojo que producía en mí maldad y envidia. Hoy, por su infinita Gracia me inunda el Gozo, SU GOZO diario sabiéndome paridora de Jesucristo en mí, polvo y miseria. JESUCRISTO murió y resucitó!!!! GRACIAS A ÉL estoy VIVA para hacer su Voluntad. Gloria a Yeshúa Adonai, el GOZO en la Nueva Vida